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La escena se repite todos los julios. Entra alguien con el modelo del split apuntado en el móvil, ya ha mirado frigorías, ya lo tiene medio decidido, y suelta la pregunta casi de refilón, cuando está a medio girarse hacia la puerta: «vale, ¿y montarlo?». Doscientos euros por unidad, IVA incluido.
Ahí la conversación se abre en dos. Unos levantan la ceja: doscientos euros por una mañana de trabajo. Otros preguntan si de verdad va todo dentro o si luego aparece la letra pequeña.
Las dos preguntas tienen la misma respuesta, y casi nunca se cuenta entera. Del montaje se ve lo aparatoso: llega el técnico, taladra, cuelga dos aparatos y se va. No se ve el rato de antes. Ni el vacío del circuito. Ni la carpeta de papeles que se queda en un cajón de tu casa cuando la furgoneta ya ha doblado la esquina.
Y esa carpeta es media factura. Lo que pagas no son dos horas de taladro: es poder demostrar, dentro de tres años, que ese equipo se montó como manda la norma. El día que falle algo. O el día que vendas la casa.
Antes de tocar nada, alguien sube a tu casa. No es una cortesía comercial: es donde se decide casi todo lo que puede salir bien o mal después.
Se mira dónde cae la unidad interior, que no sople a la cama ni al sofá. La exterior da más trabajo: si hay sitio en fachada, terraza o patio; si le va a dar el sol de plano toda la tarde; si se podrá llegar hasta ella para limpiarla dentro de cinco años; si va a quedar pegada a la ventana del vecino. Después, el recorrido del cobre y cuántos metros son. Por dónde puede desaguar el condensado sin dar la lata. Y qué hay detrás de la pared que toca perforar, que en las casas de la comarca lo mismo es un tabique de nada que cuarenta centímetros de muro antiguo.
De ese rato sale la única cosa que de verdad te interesa saber pronto: si tu caso entra en la instalación estándar o si hace falta algo más. Y te lo decimos antes, no con el aparato ya colgado y el técnico buscando dónde enchufar. Esa visita ya está dentro de los 200 €.
Quién sube a hacerla lo contamos en otro artículo y aquí no nos repetimos. Y si todavía dudas del equipo, empieza por la guía de frigorías según los metros de la habitación: montar impecablemente un equipo mal elegido no arregla nada.
Esto es lo que ocurre el día del montaje, en orden, y por qué cada paso está donde está:
Todo eso, más los papeles, es lo que hay dentro de la instalación estándar de 200 €, junto con tres años de garantía en la mano de obra.
Casi todo lo que puede hacerse mal en una instalación tiene una característica incómoda: el primer verano no se nota. El aparato enfría, la casa está fresca, todos contentos. El fallo asoma dos o tres veranos después, cuando ya nadie relaciona una cosa con la otra y parece que el aparato «se ha estropeado solo».
El circuito de tuberías viene lleno de aire y de la humedad del ambiente. Antes de abrir el gas hay que sacar todo eso con una bomba de vacío. Si el paso se acorta, dentro del circuito se quedan aire y agua.
El aire no condensa, así que las presiones de trabajo suben y el equipo rinde por debajo de su etiqueta. La humedad se mezcla con el aceite del compresor y lo degrada poco a poco. En tu casa eso se ve así: el primer año, nada; el segundo o el tercero, que enfría menos, que el aparato no para nunca y que la factura de agosto sube sin que nadie haya cambiado de costumbres. El final es una recarga, con suerte. Sin suerte, un compresor, que es la pieza cara del equipo.
La unidad interior fabrica agua, y mucha los días húmedos. Cae a una bandeja y sale por un tubo que necesita caída continua hasta el desagüe.
Si ese tubo hace una panza, sube un tramo o acaba donde el agua se embalsa, la bandeja termina rebosando. En tu casa: unas gotas bajo la unidad interior los días peores, una mancha que va creciendo en la pared o en el rodapié, a veces olor a humedad al arrancar. Suele dar la cara en el segundo agosto malo, y para entonces la pintura ya está perdida.
Pasa sobre todo en los tramos escondidos: la coquilla se corta justa, no solapa en las uniones, o el trozo que atraviesa la pared se queda pelado. Por ahí condensa agua a lo largo de todo el recorrido. En tu casa: goteo dentro de la canaleta, humedad en el falso techo si el cobre pasa por ahí, o una mancha alargada siguiendo la línea de la tubería. Y, además de la humedad, frío que pagas y que se queda por el camino.
Hay un cuarto caso que no deja mancha ni ruido: la conexión mal abocardada que pierde gas despacio. El único síntoma es que, verano tras verano, enfría un poco menos. Nadie llama al técnico por «un poco menos», y así se llega a la avería.
La parte útil de todo esto es que se puede comprobar. Puedes preguntar si se hizo vacío y cuánto duró, pasar la mano por la tubería para ver si el aislamiento llega hasta el final y mirar si el desagüe cae de verdad. Con nosotros y con quien tú quieras.
La instalación estándar cubre la mayoría de las casas, pero no todas. Quedan fuera:
Cuando aparece algo de esto, se valora en la visita, se te dice el precio por delante y no se toca nada hasta que digas que sí. Ese es el trato de la instalación, y sigue en pie cuando la respuesta es que no.
Esta es la mitad de la factura que no se ve. Cuatro documentos, y cada uno te sirve para algo distinto.
Uno: el certificado de instalación. Lo emite y firma la empresa instaladora al terminar. Recoge quién ha hecho el trabajo, con los datos de la empresa instaladora habilitada, qué equipo se ha montado, dónde han quedado las unidades, la fecha y la firma. Nosotros lo entregamos siempre, también cuando el equipo es pequeño y la normativa no obliga a registrar nada ante la administración. Es la prueba de que el aparato se puso como se tenía que poner, y es el papel que suelen pedirte cuando hay que reclamar algo o cuando vendes la vivienda.
Dos: la factura desglosada. Equipo, mano de obra, material e IVA en líneas separadas. Sirve para la garantía y sirve para saber qué has pagado exactamente.
Tres: la garantía de mano de obra por escrito. Tres años, y por escrito quiere decir con lo que cubre puesto negro sobre blanco, no de palabra en la puerta.
Y cuatro: el papel que depende de tu caso. El marco general de la climatización es el RITE, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, y ahí el trámite depende de la potencia. Por debajo de 5 kW de potencia térmica nominal no hay que elaborar documentación técnica ni registrar la instalación ante la administración, y ahí cae la mayoría de los splits de una habitación. De 5 a 70 kW sí se elabora la memoria técnica correspondiente y la instalación se registra ante el órgano competente de la comunidad autónoma, cada una con su trámite. Varios equipos o uno grande pueden pasar esa raya. Eso se ve en la visita y se te dice. Y si el equipo sale de la tienda sin instalación, el cuarto papel es otro: la declaración de gases fluorados, que va más abajo.
Falta la parte que no es un papel, sino un permiso. El circuito de refrigerante no lo abre cualquiera: el Real Decreto 115/2017 exige que quien manipule equipos con gases fluorados tenga el certificado personal que corresponda al tipo de equipo, y que la empresa esté registrada. Esto no va por potencias ni por tamaños: vale para cualquier split precargado que haya que conectar en la obra, por pequeño que sea. No es burocracia por gusto. Son gases de efecto invernadero potente y están controlados desde que salen de fábrica hasta que se recuperan. El técnico que sube a tu casa tiene ese carné y la empresa está registrada; los datos personales no se publican en un blog, pero se enseñan a quien los pida.
Conviene tenerlas separadas en la cabeza, porque cubren cosas distintas y las responden personas distintas.
La del equipo: tres años, la garantía legal en España, y de esa responde quien te ha vendido el aparato. En la práctica casi todo se canaliza por el servicio técnico del fabricante, que es quien tiene las piezas y los técnicos de la marca, pero el obligado por ley es el vendedor. Cubre los defectos del aparato: el compresor que viene mal de fábrica, la placa que falla, el ventilador que se para. No cubre lo que se estropea por un montaje mal hecho.
La de la mano de obra: tres años también, y esta la ponemos nosotros sobre el trabajo hecho. Cubre lo que dependa del montaje: una conexión que gotea, un desagüe que no evacua, una sujeción que se mueve. Si el fallo es del trabajo, volvemos y lo arreglamos.
Y aquí es donde los papeles se convierten en dinero. Muchos fabricantes condicionan su garantía comercial, la que dan ellos por encima de la legal, a que la puesta en marcha la haya hecho personal habilitado y quede documentada. Cada marca tiene sus condiciones y hay que leerlas, pero la cláusula es frecuente. Los tres años de garantía legal frente al vendedor no se pierden por eso; lo que no cubre nadie es la avería que viene de un montaje mal hecho. Traducido: si el día que falla el compresor no puedes enseñar un certificado de instalación, la reclamación empieza cuesta arriba. No es que te la vayan a negar seguro. Es que discutes desde la peor posición, con el aparato parado y en pleno agosto.
Instalar, instalamos en nuestra zona: Valle del Almanzora, Los Vélez y Levante almeriense. Albox, Arboleas, Zurgena, Huércal-Overa, Vera, Vélez-Rubio y alrededores. Fuera de ahí no montamos, y preferimos decirlo ahora que prometerlo y quedar mal en agosto.
El equipo sí lo enviamos. A toda España peninsular, por Correos Express, con una tarifa propia de 19,99 € por equipo. Va aparte: no entra en el envío gratuito desde 49,99 €, porque un split no es una caja de las que van en el reparto normal. Y hay una excepción por peso del bulto: los equipos de 6.000 frigorías o más y los multisplit no se envían. Esos solo con reparto propio dentro de la zona.
El aparato sale con su papel. Cuando se vende un split precargado sin instalación, la normativa de gases fluorados obliga al vendedor a informar por escrito al comprador de que el montaje debe hacerlo una empresa habilitada y a entregarle el documento que después completa y firma quien realiza la instalación. Es la declaración de gases fluorados, y va en la caja. Una parte se firma con la compra; la otra la rellena y firma la empresa que hace el montaje, y esa hay que devolvérnosla firmada dentro del año siguiente a la compra, que es lo que pide la norma. Tu instalador sabrá qué hacer con ella.
Si quieres ver qué hay disponible, está todo en el catálogo de aire acondicionado. Y si aún dudas entre split, portátil o cassette, esa comparativa también la tenemos escrita.
200 € por unidad, IVA incluido, en instalación estándar. Incluye visita técnica previa, colocación de unidad interior y exterior, conexiones eléctricas, tubería de cobre con aislamiento, evacuación de condensados, puesta en marcha y pruebas, explicación del manejo, certificado de instalación y 3 años de garantía en mano de obra. El montaje lleva entre 2 y 4 horas.
Certificado de instalación firmado por la empresa instaladora habilitada, factura desglosada (equipo, mano de obra, material e IVA) y la garantía por escrito. Si la potencia del equipo obliga a documentación técnica, además se registra la instalación ante la comunidad autónoma. Y puedes preguntar si el técnico tiene carné de manipulador de gases fluorados y si la empresa está registrada: quien lo tiene, lo enseña.
Puede pasar con la garantía comercial del fabricante: muchas marcas la condicionan a que la puesta en marcha la haya hecho personal habilitado y esté documentada, así que sin certificado de instalación la reclamación al servicio técnico empieza cuesta arriba. La garantía legal del equipo en España es de 3 años y de ella responde el vendedor, salvo que la avería venga de una instalación incorrecta.
Canaleta, recorridos largos de tubería, alturas complicadas y cualquier obra extra. Se valora en la visita previa, se dice el precio por delante y no se hace nada sin que lo apruebes.
Sí, a toda España peninsular por Correos Express, con una tarifa de 19,99 € por equipo que no entra en el envío gratuito desde 49,99 €. Los equipos de 6.000 frigorías o más y los multisplit no se envían por peso del bulto. El equipo sale con su declaración de gases fluorados, que es lo que necesita el técnico que te lo monte. Instalar, instalamos solo en Valle del Almanzora, Los Vélez y Levante almeriense.
Si te encaja, aquí estamos. Cuéntanos la habitación, los metros y por dónde crees que puede ir la unidad exterior, y te decimos qué equipo tiene sentido y si tu instalación entra en la estándar o no. Sin prisa y sin compromiso, en el WhatsApp 623 04 44 20 o pasándote por la tienda.
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