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El martes entró en la tienda una familia de Albox en plena reforma de cocina: él, ella y la suegra, que es quien de verdad guisa en esa casa. Se pararon delante de las dos placas que tenemos encendidas en el mostrador y me soltaron la pregunta de siempre: "¿Qué nos ponemos, vitro o inducción?". Y justo detrás, la que casi nadie dice en voz alta: "¿No nos estarán timando con lo de la inducción?".
Llevamos vendiendo en el Almanzora desde 1923, y quien te escribe ha subido cientos de placas por las escaleras de medio valle. Así que aquí no venimos a soltarte que la inducción es lo mejor del mundo y a cobrar. Venimos a que decidas según tu cocina, tu menaje y tu forma de guisar. Hay casos clarísimos de inducción y hay casos donde una vitro te resuelve la vida sin gastar de más.
Te voy a dar los criterios que de verdad pesan: cómo calienta cada una, qué ollas sirven (el famoso truco del imán), seguridad, limpieza y ese detalle que casi nadie mira antes de comprar y que luego da sustos, la potencia eléctrica de tu casa. Es la misma tabla mental que uso en el mostrador. Al final sabrás cuál te conviene, sin humo, y te enseño las tres placas del catálogo que solemos recomendar según el caso.
Empiezo por esto porque de cómo calienta cada placa se desprende el resto: el consumo, la velocidad, la seguridad y hasta lo fácil que es limpiarla.
La vitrocerámica lleva bajo el cristal unas resistencias que se ponen al rojo. Esas resistencias calientan el cristal, y el cristal calienta la olla. Es decir: calientas el vidrio, el aire de alrededor y, de rebote, la comida. Por el camino se pierde mucho calor.
La inducción no calienta el cristal. Debajo hay unas bobinas que generan un campo magnético, y ese campo calienta directamente la base de la olla. Es la olla la que se calienta; el cristal solo coge el calor que le devuelve el propio recipiente. Por eso va tan rápida y por eso la placa apenas se calienta.
Esta es la parte que a la familia del martes le hizo el clic. Son datos orientativos, pero dan la foto clara:
Como ves, la diferencia en euros al año no es una barbaridad (del orden de 30 € orientativos, y variará según tu tarifa y tu uso), pero la de tiempo y comodidad se nota a diario. Y hay un dato de mercado que lo resume: en torno al 80% de las cocinas nuevas que se instalan en España en 2026 ya llevan inducción. La tendencia está clara. Pero tendencia no es obligación, y ahora te explico por qué.
Este es el punto donde más gente se lleva el disgusto en casa, y por eso lo pongo el segundo. La inducción solo calienta recipientes con base ferromagnética. Traducido: la olla tiene que "agarrar" el imán.
La comprobación es tan tonta como fiable: coge un imán de la nevera y pégalo a la base de tus ollas y sartenes.
Ahí está la trampa: mucho menaje de acero inoxidable, aluminio, cobre, barro o cristal no es apto para inducción. Si tienes la batería de toda la vida, la cazuela de barro para el ajo o la sartén de siempre, revísalo antes de decidir, porque cambiar la placa puede obligarte a renovar medio menaje, y ese es un gasto extra que hay que meter en la cuenta desde el principio.
La vitrocerámica, en cambio, funciona con cualquier recipiente: acero, aluminio, barro, cristal, lo que sea. Si guisas con cazuela de barro o tienes una batería buena que no es apta para inducción, la vitro te ahorra renovarlo todo. Es un argumento de peso que casi ninguna tienda te cuenta.
Aquí la inducción saca ventaja clara, y es de las cosas que más se agradecen si hay críos o gente mayor en casa.
Menos calor residual significa menos alimento pegado. En una casa donde se cocina de verdad, eso se nota mucho a final de semana.
Esta es, literalmente, la tabla que tengo en la cabeza cuando alguien entra al mostrador. Te la paso tal cual.
Tira la INDUCCIÓN si:
Tira la VITROCERÁMICA si:
Te lo digo como se lo digo a mis clientes: si tu vitrocerámica funciona bien, no corras a cambiarla solo por el ahorro. La diferencia de coste anual es orientativa y modesta, así que amortizar una placa nueva solo por consumo lleva su tiempo.
¿Cuándo sí compensa dar el salto a inducción?
Si nada de eso te aplica, puedes esperar tranquilo. Ese es el consejo honesto, aunque venda menos.
De todo lo que tenemos en la colección de electrodomésticos, estas son las tres de inducción que más recomiendo, cada una para un caso distinto.
La placa de inducción Benavent IBB360 tiene 3 zonas, control táctil y 6.200 W. Es la opción equilibrada para una familia que cocina a diario y no quiere complicaciones. Cumple de sobra en el uso normal de una casa del valle.
La placa de inducción Artica AEI63223 lleva 3 fuegos, zona Booster y 7.400 W, con una zona ancha de 32 cm. El Booster es esa función que da un empujón de potencia extra para hervir en un momento. Ideal si guisas mucho, con ollas grandes y quieres velocidad. Eso sí: con 7.400 W hay que mirar bien la potencia contratada, y ahora te digo por qué.
La placa de inducción Infiniton IND-230N es de 2 zonas y 30 cm. Perfecta para una cocina pequeña, un apartamento o una casa de campo donde no necesitas cuatro fuegos. Ocupa poco y cumple.
Llegamos al detalle que casi nadie mira y que es justo donde te podemos ayudar de verdad: la potencia eléctrica de tu casa.
Una placa de inducción puede pedir entre 6.000 y 7.400 W si le das caña a todas las zonas a la vez. Si tienes contratados, pongamos, 3,45 o 4,6 kW y pones a hervir varias ollas mientras están el horno y la lavadora, te puede saltar el diferencial. Es el susto clásico de la primera semana.
La buena noticia es que casi todas las placas modernas traen función de gestión de potencia: puedes limitar el máximo que consume la placa para adaptarla a lo que tengas contratado, repartiendo la potencia entre las zonas. Se configura en la instalación.
Por eso, antes de comprar, conviene revisar dos cosas: la potencia que tienes contratada y el estado de tu cuadro eléctrico. Es un punto práctico que se olvida siempre y que evita disgustos. Cuando pases por la tienda de Albox, lo miramos contigo con calma antes de decidir nada.
Las placas de cocina son gama blanca, así que las llevamos e instalamos con furgón propio. Ese servicio lo damos en el Valle del Almanzora, el Levante Almeriense y Los Vélez. Somos de la zona, conocemos las casas de la zona y subimos la placa nosotros mismos. No prometemos envío nacional para placas porque no sería serio: la instalación de gama blanca la queremos hacer bien y de cerca.
Cuando compras la placa con nosotros, quien te la instala está a un mensaje de distancia, no en una centralita a 600 kilómetros. La subimos, la conectamos, ajustamos la gestión de potencia si hace falta y la dejamos funcionando.
Si le estás dando vueltas, pásate por la tienda en la Avenida 28 de Febrero de Albox o escríbenos por WhatsApp al 625 325 295 y lo vemos con calma. Y si andas también con la lavadora, échale un ojo a nuestra guía para elegir lavadora en 2026.
No, al contrario. La inducción consume aproximadamente entre un 20% y un 40% menos que una vitrocerámica convencional, porque aprovecha alrededor del 85% de la energía frente a un 50% de la vitro. En coste anual orientativo hablamos de unos 124 € frente a unos 155 € al año, pero depende de tu uso y de la tarifa que tengas contratada.
Solo si tienen base ferromagnética. Haz el truco del imán: pega un imán a la base de la olla; si se queda pegado, sirve; si se cae, no calentará en inducción. El menaje de barro, cristal, aluminio o cobre normalmente no vale. La vitrocerámica, en cambio, funciona con cualquier recipiente.
Puede que sí. Una placa de inducción llega a pedir entre 6.000 y 7.400 W con todas las zonas a tope. Muchas traen función de gestión de potencia para limitar el consumo y adaptarse a lo que tengas contratado. Lo mejor es revisar tu potencia contratada y el cuadro eléctrico antes de comprar; nosotros lo miramos contigo.
Sí. El cristal apenas se calienta por sí solo, solo coge el calor residual de la olla, así que hay menos riesgo de quemaduras. Además, muchas placas no calientan si no detectan un recipiente encima. Con niños o personas mayores en casa, es un punto a favor claro.
La inducción, sin duda. Como el cristal se calienta poco, lo que se derrama no se carboniza y se limpia en frío con un paño. En la vitrocerámica, el alimento cae sobre un cristal ardiendo y se pega, así que toca rascador.
Las dos duran años si están bien instaladas. Si tu vitrocerámica funciona bien, no hace falta correr a cambiarla solo por el ahorro, que es modesto. Compensa dar el salto a inducción cuando tu placa vieja falla, cuando estás de reforma o cuando valoras más la seguridad y la comodidad de limpieza. En ese caso, casi siempre recomendamos inducción.
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