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Hay una pregunta que nos hacen casi a diario en el mostrador de Albox: «¿Por qué esta secadora es clase E y esta otra, que es más barata, es A++?». La respuesta corta es que no se están comparando con la misma regla. La larga es lo que vamos a contarte aquí.
El 1 de julio de 2025 entraron en vigor el Reglamento (UE) 2023/2533, de diseño ecológico, y el Reglamento Delegado (UE) 2023/2534, de etiquetado energético, ambos específicos para secadoras de tambor domésticas. Con ellos desapareció la escala A+, A++ y A+++ y se volvió a una escala limpia de A a G, mucho más exigente. Una secadora que con la etiqueta antigua lucía un A+++ puede quedarse hoy en B o C. Una A++ puede caer a D o E. No es que la máquina haya empeorado: es que el listón subió y la clase A quedó casi vacía a propósito, para dejar sitio a las mejoras de los próximos años.
Eso genera un lío enorme en tienda, porque durante un tiempo van a convivir en el mercado aparatos etiquetados con la escala vieja (stock anterior, legalmente vendible) y aparatos con la escala nueva. Y el cliente, con toda la razón del mundo, mira dos pegatinas y saca la conclusión contraria a la correcta. Vamos por partes.
Todas las secadoras hacen lo mismo: calientan aire, lo pasan por la ropa, ese aire se lleva la humedad y hay que sacarla de algún sitio. La diferencia entre las tres tecnologías es exactamente qué se hace con ese aire húmedo. Y de ahí sale todo lo demás: el consumo, el precio, dónde puedes ponerla y cuánto tarda.
La más simple y la más antigua. Coge aire de la habitación, lo calienta con una resistencia, lo pasa por la ropa y lo expulsa fuera por un tubo. Necesita sí o sí una salida al exterior: un agujero en la pared, una ventana o un patio de luces. Si la pones en un cuarto cerrado sin salida, lo que consigues es convertir ese cuarto en una sauna.
A cambio: es la más barata de comprar, la más sencilla mecánicamente (menos cosas que romperse) y suele secar rápido. Nuestra Secadora de evacuación Infiniton SD-C7V de 7 kg está en 245 €, y es la opción lógica para un cortijo, un lavadero exterior o una segunda vivienda donde se seca ropa cuatro veces al año y no compensa gastar más.
Aquí el aire húmedo no se tira: pasa por un condensador que enfría el vapor, lo convierte otra vez en agua líquida y esa agua se recoge en un depósito que tú vacías (o, si tienes desagüe cerca, se puede conducir directamente y olvidarte). No necesita tubo al exterior, así que puedes ponerla en un armario, un pasillo o debajo de la encimera.
Sigue calentando el aire con una resistencia, igual que la de evacuación, así que consume prácticamente lo mismo: la ventaja es de instalación, no de factura. Además desprende calor y algo de humedad residual a la habitación, algo a tener en cuenta si la metes en un cuarto pequeño y cerrado. La Infiniton SD-DG85G de condensación, 8 kg en acabado inox, está en 359,99 €.
Es una secadora de condensación con una vuelta de tuerca muy grande. En vez de generar calor quemando electricidad en una resistencia, usa un circuito frigorífico —el mismo principio que un aire acondicionado— para mover el calor en lugar de crearlo. Ese calor se recicla en circuito cerrado: se usa para secar, se recupera al condensar la humedad y se vuelve a usar.
Consecuencias prácticas: consume aproximadamente la mitad, trabaja a temperaturas más bajas (unos 50 °C frente a 70-80 °C), así que castiga mucho menos la ropa y admite prendas que antes no metías en la secadora. A cambio, tarda más por ciclo —es normal, no está averiada— y cuesta más de comprar. Tampoco necesita salida al exterior.
Los dos reglamentos europeos hicieron tres cosas a la vez, y conviene separarlas:
Traducción para el mostrador: si ves una secadora A++, casi seguro lleva la etiqueta antigua. Si ves una clase E o D con la escala nueva, no significa que sea mala; puede ser exactamente el mismo nivel de eficiencia real. Para comparar dos máquinas de verdad, mira los kWh y no la letra, y asegúrate de que los dos números están medidos con la misma norma.
Vamos con números redondos y verificables, no con promesas. Tomamos una carga de 8 kg de algodón y un precio de la electricidad de 0,15 €/kWh (varía mucho según tu tarifa y la franja horaria; ajústalo a tu factura).
La diferencia son unos 30 céntimos por lavado. Parece poco. Ahora multiplícalo por el uso real:
Esta es la parte que un anuncio no te va a contar: la bomba de calor compensa cuando se usa. Si vas a secar poco, pagar el sobreprecio por eficiencia es tirar el dinero.
El error clásico es comprar la secadora con los mismos kilos que la lavadora. No funciona así. La ropa mojada ocupa más y necesita espacio para voltear: si el tambor va lleno, la ropa sale húmeda por dentro, arrugada, y el ciclo se eterniza. La regla de tienda es simple: la secadora, entre 1 y 2 kg por encima de la lavadora.
Antes de mirar precios, coge el metro. Nos hemos encontrado de todo, y estas son las cuatro comprobaciones que evitan el 90 % de los problemas:
Y un consejo que damos siempre: si tienes desagüe cerca, pide que te conecten la salida de agua directa en lugar de usar el depósito. Vaciar un depósito cada dos ciclos parece poca cosa hasta que llevas un año haciéndolo.
Es la pregunta obligada cuando el lavadero mide metro y medio. La respuesta honesta tiene dos caras.
A favor: ocupa un solo hueco, cuesta menos que comprar lavadora y secadora por separado y no tienes que trasladar la ropa mojada. La Lavasecadora Infiniton WSD-A85i está en 379,99 €, menos que muchas secadoras solas.
En contra —y esto pesa—: la capacidad de secado es siempre menor que la de lavado. Si lava 8 kg, probablemente seque 5. Es decir, tienes que sacar la mitad de la colada antes de dar al botón de secar, lo que se carga buena parte de la comodidad. Además, mientras seca no puedes lavar, y en una casa con niños eso es un cuello de botella real. Por último, son máquinas más complejas: hay más cosas que pueden fallar en el mismo aparato.
Nuestra recomendación de siempre: si te caben dos aparatos, compra dos aparatos. Una lavadora Svan SL8203AIDV de 8 kg con motor inverter (269 €) más una secadora de bomba de calor te sale parecido y funciona mucho mejor. La lavasecadora es la solución cuando físicamente no hay otra.
Casi todas las averías de secadora que entran en el taller vienen de lo mismo: filtros sucios. La máquina no puede mover aire, se recalienta, y el compresor o la resistencia acaban pagándolo.
Somos una tienda familiar de Albox fundada en 1923. Antonio Martínez Rosado lleva la cuarta generación del negocio. Eso no hace que nuestras secadoras sequen mejor, pero sí explica cómo trabajamos: aquí seguimos, y quien te vende el aparato es quien te va a coger el teléfono si algo falla.
Lo concreto, sin adornos:
No se han prohibido comprarlas ni usarlas. Lo que ocurre es que los requisitos de diseño ecológico del Reglamento (UE) 2023/2533, en vigor desde el 1 de julio de 2025, son tan exigentes que en la práctica los modelos de resistencia dejan de fabricarse. El stock ya fabricado se puede seguir vendiendo con normalidad, y tu secadora actual sigue siendo perfectamente legal.
Porque está etiquetada con la escala nueva A–G, mucho más dura, mientras que las que ves con A++ o A+++ llevan la escala antigua. Una misma máquina puede pasar de A++ a E sin cambiar nada. Para comparar, fíjate en los kWh por 100 ciclos y no en la letra.
Entre 2 y 3 horas y media para una carga completa de algodón, frente a 1,5-2 horas de una de resistencia. Trabaja a menos temperatura, así que necesita más tiempo. No está averiada: es su forma de consumir la mitad.
Sí, con un kit de unión específico entre ambas. Sin él, la vibración del centrifugado acaba desplazándola. Comprueba también que las dos tengan el mismo ancho y que llegues cómodamente al panel de mandos.
Las de resistencia trabajan a 70-80 °C y con el tiempo sí resecan tejidos y encogen algodones. Las de bomba de calor rondan los 50 °C y son bastante más amables. Aun así, lana, seda y prendas técnicas siguen siendo mejor al aire, y conviene usar el programa adecuado en lugar del más largo por defecto.
Sí, dentro de nuestra zona de reparto: Valle del Almanzora, Levante Almeriense y Los Vélez. Vamos con furgón propio, la colocamos, la conectamos y nos llevamos el embalaje. Fuera de esa zona no servimos electrodomésticos grandes.
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