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La escena se repite cada temporada en la tienda. Alguien de un pueblo del Almanzora ha reformado la cocina, ha quitado la vieja placa de gas y ha puesto una de inducción reluciente. Todo perfecto hasta la mañana siguiente, cuando pone al fuego la cafetera italiana de aluminio de toda la vida —la que heredó de su madre, la que lleva veinte años sacando café— y la placa no hace nada. Ni se calienta, ni pita, ni sube el café. La inducción, sencillamente, no la reconoce.
No está rota. No es un defecto. Es que la inducción calienta por campo magnético y el aluminio no responde a ese campo. Y ahí empieza la duda de siempre: ¿me busco un apaño para seguir usando la de aluminio, o cambio ya a una de acero inoxidable? Es la pregunta que más nos hacen sobre este cacharro, y tiene respuesta clara según lo que tengas en casa.
Vamos a verlo con calma: en qué se diferencian de verdad el aluminio y el acero inox, por qué la inducción lo cambia todo, cómo elegir el tamaño en tazas, cómo se hace bien el café en una moka y cómo cuidarla para que dure años. Con lo que sabemos de estar detrás del mostrador desde 1923.
La cafetera italiana, o moka, es ese cacharro de tres piezas que lleva un siglo en las cocinas: un depósito de agua abajo, un embudo-filtro en medio donde va el café molido, y la jarra de arriba donde sube el café ya hecho. La pones al fuego, el agua del depósito hierve, la presión del vapor empuja esa agua caliente hacia arriba a través del café molido, y sale un café concentrado y con cuerpo, a medio camino entre el de goteo y el espresso de máquina.
Su gracia es lo que no tiene: no necesita cápsulas, no gasta electricidad, no se le estropea la electrónica porque no lleva, y por diez o quince euros tienes una que aguanta años. Lo único que cambia de verdad de una moka a otra —más allá del tamaño— es el material con el que está hecha. Y ahí es donde conviene saber qué estás comprando.
Las dos hacen buen café. No te va a saber mal por elegir una u otra. Pero se comportan distinto en el día a día, y según tu cocina una te va a dar menos problemas que la otra.
Es la moka clásica, la de toda la vida. Sus ventajas:
Y sus contras, que hay que decirlos:
Es la evolución práctica de la moka. Sus ventajas:
Y sus contras, para ser justos:
Resumiendo mucho: si cocinas con gas o vitrocerámica y quieres gastar lo justo, la de aluminio Wecook BELLA cumple de sobra. Si tienes inducción o simplemente quieres una que te dure décadas y olvidarte, la de acero inoxidable Orbegozo KFI 1260 es la apuesta segura.
Volvamos al vecino del principio con la placa nueva. Si tu cocina es de inducción y quieres seguir tomando café de moka, tienes exactamente dos caminos honestos:
Nuestro consejo de tendero: si vas a estrenar cocina de inducción y todavía no tienes moka, no compres aluminio más disco. Ve directo a la de acero inox apta y te ahorras el lío. Si ya tienes una de aluminio a la que le tienes cariño, el disco adaptador es un apaño perfectamente digno para alargarle la vida.
Ojo con un detalle importante: la Wecook BELLA de aluminio va de maravilla en gas o vitrocerámica, pero en inducción no funciona salvo que le pongas ese disco adaptador aparte. No queremos que te lleves una sorpresa en casa: si tu placa es de inducción, esto conviene tenerlo claro antes de elegir.
Las mokas se miden en "tazas", y aquí hay que entenderse, porque la "taza" de moka es la tacita de café italiana, pequeña, no el tazón del desayuno. Las medidas típicas del mercado van así:
Un aviso que mucha gente no sabe: la moka rinde mejor cuando la llenas cerca de su capacidad. Hacer solo dos tazas en una cafetera de doce no sale igual de bueno, porque la proporción de agua, café y presión se descuadra. Por eso conviene ajustar el tamaño a lo que sueles beber de verdad, y no comprar la más grande "por si acaso".
Las dos cafeteras que tenemos en catálogo, tanto la BELLA de aluminio como la Orbegozo de acero inox, son de 12 tazas. Están pensadas para casa de familia numerosa, para cuando siempre hay gente en la mesa, o para una oficina donde el café corre. Si sois uno o dos en casa y tomáis un café por cabeza, este tamaño se os quedaría grande para el día a día; para eso el mercado tiene mokas más pequeñas.
Una moka barata bien usada hace mejor café que una cara mal usada. Estos son los pasos que marcan la diferencia de verdad, tal cual se lo explicamos a quien se lleva su primera cafetera:
Ese último punto es el que más gente falla. La moka avisa: cuando empieza a borbotear con ese sonido característico, ya está hecho. Fuera del fuego y a servir.
Aquí es donde se pierden la mayoría de las mokas antes de tiempo, casi siempre por lavarlas mal. Lo honesto es esto:
Con estos cuidados, una moka honesta te dura años y años. No es un electrodoméstico que caduque: la única pieza que se gasta es la junta de silicona, y cambiarla cuesta cuatro perras.
Somos una tienda familiar de Albox, en el Valle del Almanzora, y llevamos detrás del mostrador desde 1923. Hoy la lleva la cuarta generación de la familia. Eso significa que, cuando te aconsejamos sobre una cafetera, no te soltamos un guion de marketing: te decimos lo que le diríamos a un vecino que entra por la puerta, con sus pros y sus contras.
Si tienes cualquier duda antes de decidirte, puedes escribirnos por WhatsApp al 625 325 295 y te ayudamos a elegir la que mejor te encaje según tu cocina.
Directamente no. El aluminio no responde al campo magnético de la inducción, así que la placa no la reconoce y no la calienta. Tienes dos opciones: ponerle un disco adaptador de inducción entre la placa y la cafetera, o comprar una moka de acero inoxidable apta para inducción, como la Orbegozo KFI 1260, que funciona sin ningún accesorio.
Depende de tu cocina y de lo que busques. La de aluminio es más ligera, más barata y calienta más rápido, pero no va en inducción y hay que secarla bien para que no se pique. La de acero inox es más duradera, más fácil de mantener y normalmente apta para inducción, a cambio de costar algo más y calentar un pelín más lento. Las dos hacen buen café.
Porque el detergente agresivo y el calor del ciclo arrastran los aceites del café que se quedan en el metal y que ayudan a sellar el sabor, y en el aluminio favorecen que se pique con el tiempo. Lo correcto es enjuagarla con agua caliente, sin jabón fuerte, y secar bien todas las piezas antes de guardarla.
Ajusta el tamaño a lo que bebes de verdad. Para una o dos personas, una moka pequeña (3 o 6 tazas) rinde mejor. Las dos que tenemos en catálogo son de 12 tazas, pensadas para familia numerosa, casa con visita constante u oficina. La moka sale más rica cuando la llenas cerca de su capacidad, así que no compres una enorme "por si acaso".
No hay una fecha fija: depende del uso. La junta de silicona y la placa-filtro se resecan con el tiempo y dejan de cerrar bien. Cuando notes que la cafetera pierde por los lados, cuesta que suba el café o el cierre va flojo, toca cambiarlas. Son recambios baratos y le dan años de vida extra a la moka.
Tres claves: usa agua caliente en el depósito, mantén el fuego medio-bajo y retira la cafetera en cuanto empiece a borbotear. El amargor casi siempre viene de un fuego demasiado fuerte, de dejarla de más en el fuego o de prensar el café en el filtro. Molido medio-grueso, sin apretar, y fuera del fuego al primer chorro.
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