Un libro en marcha
Ídolos vistos del revés, campeones sin público, derrotas gloriosas y otras historias del deporte español que nadie cuenta
Título provisional: cambiará muchas veces antes de la imprenta
Veinte capítulos cortos, un deportista por capítulo, y el deporte solo como excusa para contar otra cosa. Se escribe en Albox y todavía no tiene fecha.
¿A qué quieres que te pierda?
Ídolos vistos del revés, campeones sin público, derrotas gloriosas y otras historias del deporte español que nadie cuenta
Veinte historias del deporte españolNinguno de los veinte es un palmarés. En todos, el deporte es la excusa para contar otra cosa: una guerra, una prohibición, un duelo, un país entero mirando hacia otro lado.
Nadal, que es diestro y es el mejor zurdo de la historia; el 12-1 a Malta; Arturito Pomar, que con doce años hizo tablas con Alekhine y acabó trabajando en Correos; Lili Álvarez, Margot Moles, Urtain, Toni Bou. El modelo, lo confieso sin vergüenza, es «Plomo en los bolsillos», de Ander Izagirre.
El primero que he cerrado es el de Kilian Jornet, que en el libro va el segundo. Salió de Sierre-Zinal, la carrera suiza que un matemático inventó en 1974 para que los mejores del mundo y los turistas corrieran el mismo día por el mismo sitio, y donde este agosto, con el menisco roto, no estuvo él.
Aquí va su arranque. El resto, cuando exista el libro.

Capítulo 2
Vista previa: el arranque del capítulo, tal como está hoy.
Esta historia empieza con un matemático. En 1974, Jean-Claude Pont, historiador de la ciencia suizo y hombre de las montañas del Valais, organizó una carrera con una idea rara para su época: que no fuera solo para atletas. Creó dos pueblos, los coureurs y los touristes, y a los turistas los mandó salir de madrugada, andando o trotando, para que la montaña les diera el día entero. Cincuenta y tres ediciones después, miles de personas siguen arrancando a oscuras desde Sierre, subiendo en fila con la misma fe. Antes del primer paso hay un cartel enorme que dice Ici commence l'histoire. Aquí empieza la historia.
Los números de Sierre-Zinal engañan por modestos. Treinta y un kilómetros parecen pocos; 2.200 metros de desnivel parecen abstractos. El desengaño llega pronto. La carrera abre con un muro de casi 1.400 metros de subida en los primeros siete kilómetros, desde los viñedos del Ródano. La élite corona ese muro en menos de una hora; los turistas de Pont pueden tardar más del doble, en fila, por una escalera de piedra suelta. A todos los animan en su idioma, que va impreso en el dorsal. En los pueblos sacan mangueras para refrescar a los que pasan, y en el balcón, el tramo alto de la carrera, hay años en que un hombre solo, con un cencerro de vaca de Hérens, se pasa el día entero haciendo un ruido descomunal para gente a la que no conoce. El sitio es precioso de una manera que no cabe en las fotos, y durante unas horas cualquiera es tratado como un campeón.
Pero ni el paisaje ni el cencerro explican del todo la fila a oscuras. Este deporte, el correr por montaña, es duro con avaricia, casi abyecto, y no tiene ninguna utilidad. Se sobrelleva porque no se practica: se profesa. Al que entra le cambia lo que desayuna, lo que mira en el móvil, dónde va de vacaciones y con quién. Le da un calendario nuevo y una parroquia de madrugones y dolores compartidos. Y como toda religión, tiene sus lugares sagrados. Zegama es la romería: una maratón vasca por el barro del Aizkorri con un público que grita las cuestas como si empujara. Sierre-Zinal es la catedral alpina, la de los cinco cuatromiles, con el Weisshorn, el Zinalrothorn, el Obergabelhorn, el Cervino y la Dent Blanche presidiendo el balcón. El UTMB es la meca, ciento setenta kilómetros alrededor del Mont Blanc en la semana en que el trail mundial entero peregrina a Chamonix. Y la Western States es la reliquia, cien millas por la sierra de California que nacieron el mismo año en que Pont inventaba la suya, porque a un jinete se le quedó cojo el caballo en una prueba hípica y decidió hacer el recorrido a pie. 1974 parió, con un océano en medio, las dos puntas de esta religión. Y por densidad de subida, unos setenta metros por kilómetro, Sierre-Zinal es más empinada que las otras tres, un dato que sorprende hasta a los feligreses.
Y esta religión tiene un profeta por encima de todos.
Sigue en el libro.

Es astronomía: cuerpos que se mueven en órbitas distintas y que, un día al año, comparten el mismo cielo.Del capítulo
Los hechos de su vida deportiva parecen inventados por un niño fantasioso.

Sierre-Zinal se disputó sin él y la iglesia se llenó igual.
Un impostor administra su imagen. Este administra sus contradicciones, que es lo que hacemos las personas.
Todos quieren ser Kilian.
Las otras diecinueve
Diez de ellas, en una frase cada una. Las demás siguen en el cajón hasta que estén escritas.
Se pierde bastante más de lo que se gana.
Y nueve más, en el orden que te apetezca.
Me llamo Antonio Martínez Rosado. Estudié Periodismo en la Universidad de Navarra y llevo una tienda de juguetes en Albox, Almería, y una marca de muñecas.
Escribo fichas de producto desde hace años. Este libro es lo primero que escribo por gusto en mucho tiempo, y se nota en las horas: de noche y los domingos.
Con los cuarenta me llegó la crisis de rigor y elegí la salida barata, correr, y de ahí sale el capítulo de Kilian. El resto sale de una envidia antigua, la que me da «Plomo en los bolsillos» cada vez que lo releo.
Si tienes una historia, una corrección o un dato de primera mano, escríbeme.
El libro está a medio escribir y va a tardar. Los apuntados sabrán antes que nadie cuándo sale y dónde.
Un correo cuando el libro exista, y ninguno más.
No. Es provisional y va a cambiar muchas veces antes de la imprenta: este ya es el segundo. Los apuntados verán pasar todos.
No hay fecha. Hay catorce capítulos en borrador y seis por escribir, y después viene lo lento: las entrevistas y las comprobaciones. Si te apuntas arriba, te llegará un correo cuando el libro exista.
Ni palmareses, ni efemérides, ni hagiografías. Entran las historias en las que el deporte sirve para contar otra cosa: una guerra, una industria del dopaje, una prohibición, un duelo, un país entero mirando hacia otro lado. Y aquí se pierde bastante más de lo que se gana.
De momento, el arranque del de Kilian Jornet, que está en esta misma página. Según se vayan cerrando otros, irán apareciendo trozos aquí.
Sí, y hacen falta. El libro tiene un banquillo de historias que se quedaron fuera del corte, y seguro que faltan algunas que ni conozco. Cuéntamela en el formulario de abajo; contesto yo.
Todavía no está decidido, porque primero hay que acabarlo. Los apuntados lo sabrán antes que nadie.
Antonio Martínez Rosado. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y vende juguetes en Albox, Almería. El libro se escribe de noche y los domingos.
Nada, salvo el autor. La tienda le presta la web.
Si este funciona, la idea es otro igual con deportistas de fuera de España.
El libro tiene un banquillo de historias que se quedaron fuera del corte. Si conoces una que debería entrar, o ves un error en lo que ya está publicado, cuéntamelo aquí.
También sirve para cualquier otra cosa: una pregunta, un dato, un recuerdo de primera mano. Contesto yo.